Revista «Práctica» · Tiempo de lectura aprox. 7 min

Algunas personas consultantes se niegan a responder, guardan silencio, relativizan o abandonan internamente la sala. ¿Qué hay detrás — y cómo se trabaja con ello de forma productiva?

La resistencia como información, no como perturbación

Usted hace una pregunta sobre la abuela, y su interlocutor mira al suelo. Pregunta por el padre, y la persona consultante responde: "Eso ya pasó hace mucho, ya no importa." Anota una línea de relación, y el consultante la corrige con tanta vehemencia que el genograma queda detenido durante diez minutos.

Eso es resistencia — y no es un fallo del proceso de asesoramiento. Es una señal del sistema.

La actitud sistémica de base, que McGoldrick y Gerson ya formularon en su obra de referencia de 1985, se aplica aquí directamente: el sistema familiar se autorregula. Lo que parece un bloqueo es a menudo una función protectora puesta a prueba durante décadas. Las terapeutas que ignoran la resistencia o quieren "trabajarla a fondo" corren precisamente ese riesgo: activar la función protectora en lugar de comprenderla.

El primer paso para manejar la resistencia no es, por tanto, una técnica — es una actitud. La resistencia tiene derecho a existir. No se combate, se observa.

Tres formas de resistencia en el genograma

1. Resistencia de contenido

Las personas consultantes se niegan a dar información sobre determinadas personas o temas. Formulaciones frecuentes: "No quiero hablar de mi padre", "Eso no lo sé", "Eso no importa."

Esta forma es la más directa — y a menudo la más fácil de manejar. Indica que existe un tema, pero que todavía no es accesible. Como terapeuta, anote el vacío de forma visible en el genograma: un símbolo sin nombre, un signo de interrogación. La ausencia se convierte en parte visible de la imagen.

Una posible reacción: "Bien. Lo dejamos abierto — quizá surja más adelante." La señal: usted no fuerza nada. El tema sigue presente en la sala, porque está en el genograma.

2. Resistencia procesual

Aquí la persona consultante no rechaza un contenido, sino el método en sí. "Todo esto me parece muy abstracto", "¿Por qué tenemos que dibujar esto?", "No veo para qué sirve."

Esto es menos infrecuente de lo que se piensa. Especialmente las personas consultantes que llegan a asesoramiento por derivación de una administración o institución — y no por iniciativa propia — a veces viven el genograma como un instrumento de control. Las terapeutas deberían tomarlo en serio.

Aquí ayuda la transparencia: "El genograma no es un informe que va a ninguna parte. Nos pertenece a nosotros, aquí, en esta sala." Y a veces ayuda negociar el método: "¿Tenemos que dibujarlo? ¿O puedo simplemente escuchar mientras usted cuenta?"

3. Resistencia relacional

La tercera forma es la más sutil. La persona consultante responde a todas las preguntas, pero el genograma no desarrolla profundidad. Nombres, fechas, líneas de relación — sí. Pero ninguna emoción, ningún peso, ninguna historia viva detrás.

Eso no es indiferencia. Es distanciamiento — un mecanismo de protección bien probado. Estas personas consultantes a menudo han aprendido que la presencia emocional es peligrosa. El genograma se completa correctamente, pero por dentro la persona queda al margen.

Cómo trabajar con la resistencia

No luchar contra la resistencia. El reflejo de hacer la siguiente pregunta tras un silencio es comprensible — pero contraproducente. Un silencio puede seguir siendo silencio. A menudo es justo ahí donde surge algo, cuando se sostiene.

Nombrar la resistencia sin valorarla. "Noto que volvemos a ir más despacio cuando hablamos de su padre. Está bien así — no quiero saltármelo, cuando esté preparado/a volveré a ello." Esta formulación quita presión sin dejar caer el tema.

Trabajar con la resistencia, no rodeándola. Si una persona consultante dice que el genograma le resulta demasiado abstracto, se puede tematizar justamente eso: "¿Cómo sería una representación que le resultara más coherente?" A veces de esta pregunta surge una apertura sorprendentemente buena.

Buscar el lado de los recursos. La resistencia a menudo indica dónde hay energía. Cuando alguien se bloquea ante un determinado familiar, es señal de importancia. Las terapeutas pueden redirigir la energía: "Noto que su tía es un tema difícil. ¿Hay alguien en la familia de quien le guste hablar?"

Permitir explícitamente no responder. Una herramienta infravalorada: "No tiene que contar eso." Paradójicamente, el permiso a menudo abre más que la insistencia.

Viñeta práctica

Consultante, poco más de 50 años, había acudido a asesoramiento por recomendación de su hija. En la primera sesión se comenzó el genograma — tres generaciones, familia numerosa, muchos hermanos. Cuando la terapeuta preguntó por el hermano fallecido tempranamente, al que la propia consultante había conocido de niña, ella dijo: "A ese lo dejamos fuera."

Sin vacilación, sin pausa — una delimitación inmediata, casi mecánica.

La terapeuta anotó el símbolo del hermano con una cruz, no puso fecha y no dijo nada más. El genograma continuó, el hermano permaneció visiblemente vacío.

En la tercera sesión — sin que el tema hubiera vuelto a mencionarse — la consultante empezó por sí misma: "El hermano que dejamos fuera... creo que ahora sí quiero contarlo."

En retrospectiva, dejar el vacío fue lo decisivo. La consultante sabía que el hermano estaba en el genograma. El símbolo esperaba. Solo necesitaba tiempo.

Qué evitar

Tratar la resistencia como un problema de cumplimiento. Las terapeutas que insisten en que el genograma debe estar "completo" convierten el método en un fin en sí mismo. El genograma es un medio, no un objetivo.

Intentos indirectos de convencimiento. "Si no hablamos de esto, no podremos ayudar de verdad" — frases así generan presión y dañan la relación de trabajo. Rara vez son útiles y con frecuencia son contraproducentes.

Interpretar de forma precipitada. Cuando alguien se bloquea ante un tema, la primera interpretación no es automáticamente la correcta. "El padre es un tema difícil porque..." — esa frase, las terapeutas no deberían pronunciarla antes de que la propia persona consultante la haya ofrecido.

Tomarse la resistencia como algo personal. Las personas consultantes que bloquean no bloquean a la persona de la terapeuta — protegen algo en sí mismas. Esta distinción suena evidente, pero no siempre lo es en la práctica.

Pasar demasiado pronto a la conversación interpretativa. Algunas terapeutas reaccionan a la resistencia cambiando de nivel: de la recogida de información a la reflexión sobre la resistencia misma. Eso puede tener sentido — pero, empleado demasiado pronto, refuerza en la persona consultante la sensación de estar siendo observada.

La resistencia como brújula

Si al final de una sesión determinadas zonas del genograma han quedado llamativamente vacías — si ciertos nombres nunca se mencionaron, ciertas relaciones nunca se anotaron — eso no es un fracaso. Es una indicación para la siguiente sesión.

McGoldrick describe el trabajo con genogramas no como un acto de recogida de datos único, sino como una conversación continua con una imagen que se transforma. La resistencia desplaza esta conversación. La ralentiza. Pero no la termina — si las terapeutas aportan la paciencia para sostenerla.

La profesional experimentada no reconoce la resistencia como un bloqueo que hay que vencer. La reconoce como lo que es: el sistema que se muestra.

Enlaces complementarios